jueves, 29 de diciembre de 2016

50 años de Magnificat: la conferencia de Augusto Merino (tercera parte)

Publicamos a continuación la tercera parte de la conferencia dictada por el Profesor Augusto Merino Medina en el II Congreso Summorum Pontificum de Santiago de Chile (2016).

 Prof. Augusto Merino
(Foto: Hacer Familia)

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              Lex orandi, lex credendi: cómo alterar la fe sin tocar la doctrina (III)

La ambigüedad en el nuevo vocabulario litúrgico

De los aspectos más exteriores y más fácilmente captables que tanto Cranmer en su tiempo como los actuales reformadores de la liturgia se empeñaron en manipular y transformar, hay uno que es importante y es el primero que queremos abordar aquí: el vocabulario de las oraciones de la Misa. El otro aspecto tiene que ver derechamente con la sensibilidad y la afectividad y opera, por tanto, de modo más indirecto y sutil: la transformación de la música que se toca en la liturgia.

1. El manejo sutil y, a veces, magistralmente ambiguo del vocabulario, el uso de sinónimos que, no obstante serlo, conllevan atmósferas espirituales diferentes, la transposición de frases iguales a un contexto en que su reverberación espiritual cambia, son estrategias que se ha usado abundantemente por los reformadores de la liturgia después del Concilio Vaticano II. Aquí me detendré sólo en el lenguaje de las oraciones colecta de la Misa. La introducción de nuevos vocablos en la vida católica en general –“ecumenismo”, “diálogo”- es un magno tema, que ya ha sido abordado por otro conferencista [nota de la Redacción: se refiere a la conferencia dada por Christopher Ferrara, que también fue publicada en esta bitácora por entregas].

Por ejemplo, la supresión del uso de la segunda persona del plural para dirigirse a Dios o a los fieles (“vosotros”, “vos”, “os”; los correspondientes imperativos como “conceded”, “orad”, etcétera), con el pretexto de que esa expresión no es usada por el pueblo en la vida corriente y dificulta, por lo tanto, la comprensión de lo que se quiere decir, conduce a un rebajamiento de la dignidad de la palabra dirigida a Dios solemnemente y a la solemnidad de la ocasión. No es que haga más comprensible lo que se dice, sino que se lo hace más prosaico o vulgar en el modo; se suprime el matiz del respeto y se añade un toque de camaradería o igualitarismo, similar al lenguaje de la calle. Por ejemplo, en las palabras de la consagración, la Conferencia Episcopal de Chile ha dispuesto últimamente que la fórmula “Tomad y comed” sea reemplazada por “Tomen y coman”, aduciendo que ello facilita a la gente la comprensión de lo que se dice. Como es obvio, ello es falso: el gran problema es que la gente comprenda realmente qué es la transubstanciación, cosa que no se le explica, y no que se le aclare que “Tomad” quiere decir en realidad “Tomen”;  pero este cambio sí produce el efecto de trivializar las palabras, creando la impresión de que no hay ni debe haber diferencia entre el lenguaje usado para dirigirse a un compañero de trabajo y el usado para dirigirse a Dios, y la de que no hay diferencia ni en cualidad ni en grado entre una acción sagrada y una profana. Kwasniewski  ha escrito elocuentemente sobre la pérdida de la solemnidad en la liturgia, una de las claves de su deterioro[1], que resulta particularmente impresionante si se compara la situación de la Iglesia latina con lo que ocurre en el rito bizantino.

 Elevación del cáliz en una Misa Novus Ordo
(Foto: Iglesia.cl)

Otro ejemplo es la sustitución de términos en algunas de las oraciones más populares y queridas por el pueblo chileno, como la del Mes de María. No hay chileno en quien no se despierte alguna emoción, siquiera débil, al oír aquel comienzo de la oración compuesta por monseñor Ramón Ángel Jara: “Oh, María, durante el bello mes que os está consagrado”. Pues bien, aquí también se ha eliminado el uso de la segunda persona del plural y se trivializa el trato con la Virgen empleando un “tú” que deroga el ímpetu de cariño unido al respeto que caracteriza a la forma original de la oración, creando una sensación de que se está en una relación de “igual a igual”, absolutamente impropia, con la Madre de Dios. Por otra parte, se ha variado, con una intención que es inevitable calificar de “ideológica”, un pasaje que decía: “y con vuestra ayuda, llegaremos a ser puros, humildes, caritativos, pacientes y resignados”, reemplazando este último término, “resignados”, por “esperanzados”, como si la resignación ante la Voluntad Divina evocara actitudes de sometimiento de una clase social a otra, por lo que habría que desterrarla del nivel religioso por ser un obstáculo para una justa reivindicación en el terreno político: viene inmediatamente a la mente aquello de “religión, opio del pueblo”[2].

2. La investigadora Lauren Pristas ha escrito un libro de extraordinaria erudición y prolijidad, uno de cuyos objetivos es “descubrir si las colectas de los domingos y festividades de los diversos propios, en los misales pre y post Vaticano II, asumen la misma postura ante Dios, expresan las mismas convicciones y sentimientos respecto de Él, entienden y describen la condición humana en la misma forma, piden a Dios las mismas o parecidas gracias y, si no, identificar los modos específicos en que difieren, y hasta qué punto lo hacen”[3]. La idea que sirve de hipótesis a ese estudio es que las oraciones –y todos los demás elementos de la liturgia- tienen, como ya hemos sugerido en este texto, un gran poder formativo del alma de los fieles, moldeándolos en su visión de las cosas, desarrollando en ellos determinados sentimientos y haciéndolos experimentar ciertas sensaciones sobre su realidad de criaturas, dando lugar a un efecto acumulativo de inmensa fuerza pedagógica o, en otros términos, expresando fielmente la fe de la Iglesia.

 Dra. Lauren Pristas
(Foto: O Clarim)

Lo primero que es de notar, a propósito del estudio de Pristas, es que se haya creído necesario reemplazar o “editar” las oraciones. En muchos casos, las nuevas oraciones han sido tomadas de antiguos leccionarios de los siglos VII y VIII –antes, por lo tanto, del nacimiento de la escolástica, aborrecida por el modernismo- aunque a menudo han sido editadas en algún sentido. Es de por sí un mensaje el que se haya intervenido un conjunto de oraciones que decenas de generaciones de católicos durante muchos cientos de años consideraron que expresaban la fe perfectamente bien, y que el cambio haya sido hecho, a diferencia de muchos otros cambios en la historia de la liturgia, no por un lento y orgánico crecimiento (como pedía el Concilio[4]) sino por una subcomisión, el Consilium, que procedió mediante el sistema de votaciones, no por el de la experiencia espiritual recogida por un largo tiempo[5]. En todo caso, el reemplazo no significó siempre una novedad que justificara el cambio; pero a menudo se constata un nuevo “espíritu” o “clima” teológico que rodea a las oraciones introducidas, aun a las de origen más antiguo. En un momento veremos, brevemente, algunos casos para ilustrar esto.

Pero el estudio de Pristas permite también advertir que las nuevas oraciones confeccionadas carecen frecuentemente de esa concisión y claridad propia de las oraciones del rito romano: donde éste formula peticiones breves, puntuales y, por lo mismo, memorizables por la gente, las nuevas son más largas, llenas de cláusulas subordinadas, con peticiones complejas, de cuya audición difícilmente se puede retener una sola idea clara. Hay una nueva verbosidad que no es una contribución al enriquecimiento del culto: demasiadas palabras humanas no llenan ningún vacío espiritual, sólo son una manifestación más de esa “logificacion” de la nueva “forma mentis” que nos ha legado la Ilustración. Se ha justificado a veces el alargamiento de las oraciones por la necesidad de hacerlas menos “abstractas” o más “cercanas” a la realidad concreta del hombre actual. Ello es otra expresión de aquel espíritu pedagógico por el que tanto abogó el Mouvement liturgique, hasta el punto de desnaturalizar el espíritu esencialmente latréutico de la liturgia de la Misa.

Veamos aquí unos pocos ejemplos de manejo del lenguaje tomados del estudio de Pristas, mediante los que advertiremos que, con el cambio sutil y a menudo inaparente de las palabras, se introduce una nueva sensibilidad religiosa preparada para recibir, al cabo, una nueva teología y una nueva fe.

Misales preconciliares

Comparando las colectas de Adviento del misal de 1962 con las del misal de 1970/2002, Pristas escribe: “Las colectas de 1962 piden a Dios que actúe o que mueva, que despierte su poder y venga, que despierte nuestros corazones, oiga nuestras plegarias e ilumine nuestra mente con la gracia de su visita, que excite su poder y venga y socorra. Nuestra acción, en la única colecta de 1962 que la menciona, se ajusta a una delicada descripción de la interrelación entre el don divino y la respuesta humana. […] [En cambio,] Las colectas de 1970/2002, con excepción de la del cuarto domingo, nos presentan al ser humano como alguien que actúa y está en movimiento. En ellas se pide a Dios que fortalezca en los fieles la voluntad con que se apresuran a actuar; que les conceda no ser impedidos por hechos humanos en su avance; que les permita llegar a la fiesta de Navidad y a los gozos de la salvación. […] La situación humana es presentada de modo diferente en los dos conjuntos. En las oraciones de 1962, los seres humanos son amenazados y obstaculizados por el pecado, y sus mentes necesitan purificación e iluminación. Estas malas noticias son equilibradas, por así decirlo, por las buenas noticias: el Señor viene con su poder a levantar, a iluminar, a socorrer, proteger, librar y purificar,  y lo  hace con prisa. [Por el contrario,] En las colectas de los domingos de Adviento de 1970/2002  apenas hay conciencia de peligro, no se menciona el pecado, ni la obstinación ni la debilidad humanas”[6] .      

De nuevo, en las colectas del domingo después de Navidad “no hay mención del pecado en el conjunto [de oraciones] del [Concilio] Vaticano II. La única oración que menciona el pecado en el corpus de 1962, la colecta de la Misa de Día de Navidad, fue omitida en el misal revisado”[7]. Igualmente, “[e]n contraste con el movimiento que sugieren [dos oraciones] de 1970/2002, las colectas de 1962 imploran la acción de Dios sin decir nada sobre la nuestra: […] extiende tu mano para defendernos, consuélanos con tu gracia, mira con compasión”[8]. […] hay nueve oraciones para Navidad en el misal de 1962: cinco de ellas nos presentan no como actores, sino como receptores agradecidos del favor divino, que esperan nuevos favores”. Igualmente, “[e]n cinco de las colectas de los domingos de Cuaresma no actuamos nosotros, sino que aguardamos atentamente de Dios la protección, el consuelo, la purificación y la guía […] Sólo la colecta del primer domingo nos muestra activos: nos esforzamos por conseguir [algo] mediante nuestra abstinencia. Pero aquí también nuestra actividad es una respuesta a la acción inicial de Dios, y su fruto depende de sus dones”[9].

En conclusión de unos análisis exhaustivos y prolijos, escribe la autora: “las colectas de los dos conjuntos no se aproximan a Dios en la misma forma, ni esperan de Él las mismas cosas, ni presentan el mismo cuadro de la situación humana […] Queda claro que hay significativos cambios en los énfasis teológicos y/o espirituales de las colectas de un tiempo [litúrgico] determinado”[10].

Hemos tomado sólo unos poquísimos ejemplos de un texto que abunda extraordinariamente en ellos, pero parece que son suficientes para mostrar, sobre la base de la realidad empírica, que el sutil manejo del vocabulario litúrgico, con variaciones apenas perceptibles pero reales y profundas, se encamina a producir un cambio en la sensibilidad del fiel, en su modo de dirigirse a Dios, de pedir esto o lo otro, en la conciencia de lo que el ser humano puede hacer y otros aspectos trascendentales que, al cabo, conducen a una fe reformada, más que reformulada.

 Missale Romanum de Pablo VI (edición típica de 2002)

Para fijar mejor en la atención estos cambios, quiero agregar aquí unas cuantas estadísticas para dar una imagen más perfilada. Se ha dicho que el misal de Pablo VI conserva ¾ partes de las oraciones del misal antiguo. Pero las cifras dicen otra cosa: el misal tradicional tiene 1.182 oraciones; de éstas se suprimió totalmente 760. Se conservó más o menos un 36% de las oraciones, y de éstas más de la mitad fue intervenida o editada o cambiada parcialmente antes de incluirlas en el Misal nuevo. Por lo tanto, sólo 17% de las oraciones del antiguo misal se conservaron intactas en el nuevo[11].

Esto es quizá, como observa un autor que ha estudiado el punto, un buen ejemplo de “hermenéutica de la discontinuidad y la ruptura”[12].

Finalmente, y por si todavía hubiera alguien que no se convence del punto que estamos presentando, permítaseme citar un texto, sorprendentemente candoroso, de Carlo Braga, ayudante de Bugnini en el Consilium, sobre la revisión de las oraciones colecta: “Revisar los textos preexistentes se hace más delicado cuando se enfrenta con la necesidad de poner al día el contenido o el lenguaje, y cuando esto afecta no sólo la forma sino también la realidad doctrinal […] Unos fundamentos completamente nuevos de la teología eucarística han dejado obsoletos determinadas formas de venerar o invocar a los santos […]”[13].    

 Pablo VI y Mons. Annibale Bugnini
(Fotomontaje: Pray Tell)

3. Otro cambio que parece absolutamente secundario y sin mayor importancia en las oraciones, pero que la tiene inmensa, es el que se refiere a que éstas, en el misal de Pablo VI, se dirigen siempre a Dios Padre de modo exclusivo. Con la supresión de las oraciones del ofertorio se fue el “Suscipe, Sancta Trinitas, hanc oblationem” y con la de la oración final, “Placeat tibi, Sancta Trinitas”, desapareció la otra ocasión en que la Iglesia se dirigía solemnemente a la Santísima Trinidad durante la Misa, que es el centro y raíz de la vida cristiana. Del mismo modo, el prefacio de la Santísima Trinidad, que se rezaba todos los domingos del año que no tuviesen uno propio, fue relegado a una sola ocasión en el año litúrgico (el domingo de la Santísima Trinidad). Se aleja cada vez más de los fieles la imagen de la Trinidad, corazón del dogma cristiano. Y, del mismo modo, se han suprimido prácticamente todas las oraciones del misal que se dirigían a Jesús, Segunda Persona de la Trinidad, con el pretexto de que es el Padre quien la representa, por lo que no se ve más asociadas íntimamente las imágenes de Jesús y de Dios Hijo. Podría agregarse que hay, además, viejas oraciones populares que han caído también en desuso, como aquel acto de contrición “Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero...”. De este modo, se va modificando lentamente la sensibilidad trinitaria de los cristianos y la imagen de Jesús como Dios. Lo cual tiene, por cierto, la máxima importancia. Se ha escrito mucho sobre el ambiente arriano que se advierte en la liturgia reformada, sensación que se fortalece si se toma en cuenta la orientación teológica de muchos de los participantes en el Consilium, donde se fraguó las reformas litúrgicas, y los aires nestorianos y arrianos que empiezan a soplar en ciertos círculos teológicos de importancia[14].    

4. Me he detenido sólo en el vocabulario de las oraciones colecta porque es algo a lo que, de ordinario, no se presta mucha atención, pero, obviamente, hay campos en que el manejo de las palabras y el escamoteo que hacen de ellas las traducciones, como en el Canon y en las Plegarias Eucarísticas, llega a verdaderos extremos.

El problema de las traducciones al vernáculo del texto de las ediciones típicas del misal, que se encomendó a las conferencias episcopales, alcanzó desde temprano ribetes de la máxima gravedad. El R.P Louis Bouyer C.O., uno de los principales artífices doctrinales de la reforma de la liturgia católica, narra en sus memorias cómo, en el curso una reunión de la Comisión Teológica Internacional, “el P. Lubac aprovechó de someter a la consideración de todos los miembros de lengua francesa una carta dirigida al Papa, que exponía todos los contrasentidos, evidentemente deliberados, en la versión francesa de los nuevos libros litúrgicos que, sin embargo, habían sido declarados conformes con el texto latino auténtico por Bugnini […] Todos, impresionados por el carácter escandaloso de esta tergiversación, incluso el P. Congar, tan preocupado de no oponerse a lo que llamaba “la renovación en la Iglesia”, firmaron sin dudar ese documento abrumador. Ocho días después, Bugnini era destituido por el Papa […]”[15].

 R.P. Henri de Lubac, S.J.

En lo que a nosotros respecta, citaré sólo un grave error existente en la traducción de la oración “Quam oblationem”, que precede inmediatamente a la consagración en el Canon Romano: ahí donde el texto latino dice “ut nobis Corpus et Sanguis fiat dilectisimi Filii tui Domini nostri Jesu Christi”, algunas versiones castellanas dicen: “de manera que sean para nosotros el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo amado, Jesucristo, nuestro Señor”[16]. Hay aquí un error de traducción del latín que escamotea olímpicamente el sentido de la expresión latina “Corpus et Sanguis fiat”, es decir, “que se convierta en el Cuerpo y Sangre”, expresión que se refiere a que, más allá del “nobis”, del “para nosotros”, hay un hecho exterior y objetivo que tiene efectivamente lugar, de modo que no se trata de una nueva significación para nosotros del pan y del vino, que puede entenderse como un cambio meramente subjetivo, algo que ocurre no en la realidad en sí misma sino sólo en aquello que dice referencia con nosotros. Queda así creada la ambigüedad en el corazón mismo del Canon, de modo análogo a lo que hizo Cranmer –gran maestro de ambigüedad y disimulo- en el Book of Common Prayer de 1549: en ese texto Cranmer, inmediatamente antes de la Consagración, redactó una plegaria en que se dice “que sean para nosotros (“may be unto us”) el cuerpo y la sangre del más dilecto y amado hijo Jesucristo”, fórmula plenamente satisfactoria para alguien, como Cranmer, que negaba de modo tajante que el pan y el vino consagrados fueran en realidad el Cuerpo y la Sangre del Señor, puesto que el Cuerpo de Cristo está en una sola parte, el Cielo[17]. Por cierto, la misma fórmula “que sean para nosotros”, sin referencia a “fiat” alguno, figura en la Plegaria Eucarística II, que es usada hoy casi de modo exclusivo. Aunque no hay tiempo aquí para mencionar más paralelos con el caso anglicano, es interesante añadir que el agregado en el actual Canon Romano del Novus Ordo, “que se entrega por vosotros”, dicho a continuación de la consagración del pan, fue también añadido por Cranmer, al tiempo que suprimía el “mysterium fidei” en la consagración del vino[18].

 Colecta de la edición de 1637 del Book of Common Prayer 



[1] Kwasniewski, Resurgent in the midst of crisis, cit., cap. 1.

[2] Al respecto es interesante citar a Duquoc, C./Richard, J/Groupe de Recherche de la Faculté de Théologie de Lyon, Politique et vocabulaire liturgique (París, Cerf, 1975), pp. 89-90: “il s’agit de prendre le langage liturgique à son niveau spécifique, qui est celui d’une lecture religieuse, symbolique du réel, et non de la réduire à une sorte de “superstructure” de réalités autres, politiques ou économiques. Mais on peut se démander si le fait de tenir, le dimanche, ce discours liturgique-là permet à l’homme de tenir la semaine n’importe quel discours politique ou sindical? Par exemple, le langage de la soumission –fût-ce à la volonté de Dieu Sauveur- que tient la liturgie, est-il compatible avec le langage de la libération que tient le révolutionnaire?”.

[3] Pristas, L., The Collects of the Roman Missals. A comparative Study of the Sundays in Proper seasons before and after the Second Vatican Council (Londres/Nueva Delhi/Nueva York/Sydney, Bloomsbury, 2013), cap. 8.

[4] Constitución Sacrosanctum Concilium, núm. 23.

[5] Véase, al respecto, lo que sobre la elección de nuevas lecturas escribe Kwasniewski, Resurgent in the midst of crisis, cit., p. 131.

[6] Pristas, The Collects of the Roman Missals, cit., cap. 8.

[7] Pristas, The Collects of the Roman Missals, cit., cap. 8.

[8] Pristas, The Collects of the Roman Missals, cit., cap. 8.

[9] Pristas, The Collects of the Roman Missals, cit., cap. 8.

[10] Pristas, The Collects of the Roman Missals, cit., cap. 8.

[11] Cekada, Work of human hands, cit., p. 222.

[12] Cekada, Work of human hands, cit., p. 223.

[13] Cekada, Work of human hands, cit., p. 223.

[14] Véase el comentario de Carlos Augusto Casanova a la cristología del R.P. Jorge Costadoat SJ, en el que se aprecia el ambiente herético que se ha vivido en estas materias en la Facultad de Teología de la Pontifica Universidad Católica de Chile, y que fue publicado en el sitio www.vivachile.org el 2 de abril de 2015. Véase aquí su texto. 

[15] Bouyer, Memoires, cit., p. 203-204.

[16] En los textos en castellano confeccionados por la respectiva comisión para ser usados en Chile, Argentina, Bolivia, Paraguay y Uruguay, lo que se proponía para la oración “Quam oblationem” del Canon era lo siguiente: “de manera que sea para nuestro bien el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo amado, Jesucristo, nuestro Señor”. Véase la traducción del Canon Romano hecha en el “Nuevo Misal para Argentina, Chile, Uruguay y Paraguay”, disponible aquí

[17] Cfr. Davies, El ordo divino de Cranmer, cit., cap. XII.

[18] Cfr. Davies, El ordo divino de Cranmer, cit., cap. XII.

martes, 27 de diciembre de 2016

Peregrinación tradicional a Luján (Argentina)

Hemos  publicado antes varias entradas sobre las hermosas peregrinaciones tradicionales en Europa, como la peregrinación Summorum Pontificum a Roma (véase aquí, aquí y aquí) o aquella que va desde París a Chartres. Pero este fenómeno no se circunscribe por fortuna al Viejo Continente. Allende los Andes, en la Argentina, se realiza anualmente una peregrinación tradicional de tres días a la Basílica de Luján (Provincia de Buenos Aires), dedicada a Nuestra Señora de Luján, patrona de dicha república hermana

 Basílica de Nuestra Señora de Luján

La peregrinación es organizada por Nuestra Señora de la Cristiandad, un grupo de fieles laicos católicos comprometidos con la restauración litúrgica y de un orden cristiano en la Argentina y en el mundo que abra las puertas de la sociedad al Reinado Social de Cristo. Para asegurar las gracias necesarias para conseguir este ambicioso propósito es que esta organización se pone bajo la protección maternal del manto de María, bajo su advocación de Nuestra Señora de Luján, pidiéndole mediante la peregrinación penitencial anual su amorosa intercesión, ofreciendo las oraciones, mortificaciones y penitencias de los tres días de camino.

A continuación ofrecemos a nuestros lectores algunas imágenes de la peregrinación de este año (el itinerario puede verse aquí), la que se realiza por séptima vez consecutiva y que concluyó como todos los años con una Misa solemne según la forma extraordinaria en la Basílica de Nuestra Señora de Luján. Ella tuvo lugar el pasado 15 de agosto, fiesta de la Asunción de Nuestra Señora. Emociona, por cierto, ver el fervor, el vigor y la juventud de los participantes y hacemos votos porque prontamente pueda replicarse esta experiencia también en nuestra patria chilena, que cuenta con tantos santuarios dedicados a la Santísima Virgen. 










Créditos de las fotografías: Las fotografías han sido tomadas de Acción litúrgica (véase aquí y aquí). 


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Actualización [22 de abril de 2017]: El sitio de Nuestra Señora de la Cristiandad ya ha publicado la información para la VIII peregrinación tradicional al Santuario de Luján, la que tendrá lugar el próximo 19 de agosto. 

Actualización [17 de agosto de 2017]: El sitio Que no te la cuenten da alguna información relevante sobre la VIII peregrinación tradicional al Santuario de Luján. Hasta el momento, hay inscritas más de 600 personas, y se espera que el número aumente en los próximos días. La peregrinación concluirá el lunes 21 de agosto, feriado nacional en Argentina, con la Santa Misa que presidirá S.E.R. Antonio Baseotto, obispo emérito castrense, a las 15.00 horas en la Basílica del santuario.

domingo, 25 de diciembre de 2016

Natividad del Señor

Puer natus est nobis, et filius datus est nobis, cujus imperium super humerum ejus et vocabitur nomen ejus, magni consilii Angelus.

Cantate Domino  canticum novum quia mirabilia fecit. Gloria.

(Introito para la Tercera Misa del día de la Natividad del Señor)

 Gerard van Honthorst, La adoración de los pastores (1622)

La Asociación de Artes Cristianas y Litúrgicas Magnificat, Capítulo chileno de la Federación Internacional Una Voce, saluda cordialmente en este día a todos sus miembros, fieles, amigos y benefactores y les desea una muy feliz y santa Navidad.



Actualización [26 de diciembre de 2016]: a continuación les ofrecemos a nuestros lectores una pequeña galería fotográfica con imágenes de la Misa de la Natividad, organizada por nuestra Asociación.




 

jueves, 22 de diciembre de 2016

Las Misas "Rorate" y la recomendación del Papa Francisco

Una tradición católica para el Adviento es celebrar durante los sábados de este tiempo litúrgico la Misa Rorate Caeli “de sancta Maria in Sábato”. En algunas regiones se solía celebrar durante el Adviento no sólo los sábados, sino varios días de la semana o, incluso, todos los días de semana, también como Misa Votiva en honor de Nuestra Señora. Una particularidad de esta Misa es ser celebrada a oscuras, sin luz ni del sol ni artificial: sólo la procurada por los numerosos candelabros en el altar y el presbiterio, y por las candelas que llevan los fieles en la mano. El sentido de tales celebraciones es profundo: en el Adviento nos preparamos a la fiesta del nacimiento de Cristo, y con la Virgen nos preparamos a una llegada de Aquel que es la Luz y ha venido a disipar nuestras tinieblas y a iluminarnos en gracia y santidad.

 Misa Rorate
(Foto: FSSP)

Estas Misas llevan este nombre por el Introito, el himno Rorate Caeli (o Rorate coeli), cuyo primer verso está tomado de Is. 45, 8, texto que expresa el anhelo de los profetas de Israel por la venida del Mesías, el cual la Iglesia hace suyo en el tiempo de Adviento:

 “Rorate, caeli, desuper, et nubes pluant justum, aperiatur terra, et germinet Salvatorem.”
   
(“Gotead, cielos, desde arriba, y que las nubes destilen al Justo. Ábrase la tierra y brote el Salvador)

 El himno Rorate caeli en un códice medieval

El himno del Rorate se hace presente profusamente en la liturgia tradicional del tiempo de Adviento, tanto en el Misal como en el Oficio Divino. En este último, entre otras ocasiones, se escucha a diario el comienzo como versículo y responsorio del oficio de vísperas. Aquí podemos escuchar este sublime himno, cantado por dominicos de Blackfriars, Oxford:



La Misa Rorate comienza tradicionalmente antes del amanecer. Por tratarse de una Misa votiva en honor de la Virgen María, el sacerdote se reviste con ornamentos blancos en lugar del morado, color penitencial propio del Adviento. Los niños caminan a la iglesia a través de la oscuridad, llevando linternas encendidas. La iglesia está a oscuras excepto por la luz de velas y faroles. El himno Rorate caeli comienza en la oscuridad, que simboliza la oscuridad del mundo antes de que la luz de Cristo apareció en la Navidad. Durante el himno, los sacerdotes y los niños, llevando sus linternas, entran en procesión en la iglesia. Al final del himno, se dicen oraciones y luego se canta el Gloria, momento en el cual las luces se encienden. Al final de la Misa, el sol empieza a subir: es el amanecer de un nuevo día y un recordatorio de la Luz Verdadera de Cristo, que destierra la oscuridad del pecado y de la muerte.

Las lecturas y oraciones de la Misa recuerdan la profecía de la Virgen que daría a luz un hijo llamado Emmanuel, y llaman a todos a abrir las puertas de sus corazones y de sus sociedades para permitir que Cristo Rey entre, pidiendo la gracia de recibir la Vida Eterna, por los méritos de la Encarnación y la Resurrección salvadora de Nuestro Señor.

 (Foto: FSSP)

Espiritualmente, el Adviento es el amanecer. Todavía no es la luz brillante de la Navidad. El Adviento es un tiempo de preparación para algo excesivamente alegre que todavía está por venir. Es un tiempo de penitencia, cuando nuestras almas todavía están luchando a través de la oscuridad, en busca de la Luz. Hay un anhelo y esperanza en Adviento. Nuestras velas y linternas en una Misa Rorate son símbolos de nuestro anhelo por la venida del Salvador, cuya luz ya está amaneciendo.

Con la reforma litúrgica estas Misas desaparecieron, pese a que no fueron proscritas expresamente y continúan estando especialmente arraigadas en los países germanoparlantes. En Chile, ellas no eran muy habituales probablemente debido a la estación del año con que coincide el Adviento por estas tierras, que hace que la luz del sol aparezca pronto por la mañana. 

Sobre su simbolismo recordaba con añoranza Benedicto XVI en sus memorias (Ratzinger, J., Mi vida, trad. de Carlos D'Ors Fühers, Madrid, Cristiandad, 7ª ed., 2005, p. 39): 

El año litúrgico daba al tiempo su ritmo y yo lo percibí ya de niño, con gran alegría y agradecimiento. En el tiempo de Adviento, por la mañana temprano, se celebraban con gran solemnidad las misas Rorate en la iglesia aún a oscuras, sólo iluminada por la luz de las velas. La espera gozosa de la Navidad daba a aquellos días melancólicos un sello muy especial. 

 Joseph Ratzinger, luego Benedicto XVI, de niño

Una muestra de que ellas no desaparecieron con la liturgia reformada es la invitación a vivir esta costumbre de Adviento que ha hecho recientemente el Santo Padre. El pasado 14 de diciembre de 2016, en los saludos acostumbrados después de la catequesis de la audiencia general de los miércoles, el Papa Francisco se dirigió a los peregrinos polacos y los invitó a vivir la costumbre de las Misas Rorate durante el Adviento. Puede verse aquí el texto original en polaco y la traducción italiana. Su recomendación fue participar de estas Misas como una forma de preparación espiritual para el Adviento: 

Saludo cordialmente a los peregrinos polacos. El tiempo de Adviento es la ocasión particular para profundizar nuestra fe, para abrir nuestros corazones a las necesidades de los otros y para vivir mejor nuestra vocación cristiana. Para cumplir estos compromisos, los ayuden la oración cotidiana, la contemplación de la Palabra de Dios, la participación en la Misa matutina Rorate (destacado de la Redacción) y los ejercicios espirituales de Adviento. Con espíritu de alegría, preparen sus corazones para recibir la Buena Nueva del nacimiento del Hijo de Dios. Bendigo a todos ustedes aquí presentes y a sus seres queridos. 

Finalmente, les ofrecemos algunas fotos adicionales de Misas Rorate. Las primeras fueron celebradas por sacerdotes de la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro en Scranton (Pensilvania) y Sacramento (California) y las fotos correspondientes ha sido tomadas de la versión inglesa del sitio de la Fraternidad. Seguidamente, reproducimos las fotografías de dos entradas del sitio Acción litúrgica (aquí y aquí), en que pueden verse algunas imágenes de dos Misas Rorate celebradas en Chile en 2014.








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Catedral de San Felipe. Celebrante: Revdo. don Luis Reynoso

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Parroquia Santa Bárbara, Casablanca. Celebrante: Revdo. don Mauro Ojeda (Capellán Una Voce Casablanca)