domingo, 26 de noviembre de 2017

Ornamentos papales (iv): la tiara

Continuamos con la serie sobre ornamentos papales. En esta ocasión nos ocuparemos de la tiara, que no es propiamente un insignia litúrgica (como sí lo es la mitra), sino que reviste el carácter de un símbolo del poder que corresponde al Papa como autoridad suprema de la Iglesia y como soberano temporal.
 
La tiara (thiara) es el atributo reservado al Sumo Pontífice y que sirve como símbolo de su función suprema dentro de la Iglesia, que es la de obispo universidad y Gran Sacerdote de la Nueva Alianza. Desde el siglo XIV, ella consiste en una tiple corona (triregnum) que asemeja una colmena circular y que en su parte superior remata en una cruz. De su parte posterior cuelgan dos ínfulas (caudae o infulae) al igual que en las mitras, es decir, dos galones de tela ricamente adornados en los que se borda el escudo de armas del Papa.

Pío XII, coronado con la tiara, es llevado en la silla gestatoria

Hay distintas teorías sobre el simbolismo de las tres coronas. Algunos las relacionan con la autoridad del Papa como “pastor universal” (corona superior), “juez eclesiástico universal” (corona del medio) y “gobernante temporal” (corona inferior). Otros asocian la triple corona a Cristo y su misión: como sacerdote, profeta y rey o como maestro, legislador y juez. Hay quienes sostienen que la triple corona representa que el Papa es obispo, Soberano Pontífice de la Iglesia y rey temporal. Otra interpretación hace referencia a los tres estados de la Iglesia: militante, purgante y triunfante. En fin, también se ha dicho que el significado de la tiara es que el Papa reviste el carácter de padre de príncipes y reyes, gobernador del mundo, y vicario de Cristo. Esta última interpretación es la más acorde con las palabras que se decían durante la coronación del Papa: "Recibe la tiara ornada de tres coronas, para que sepas que eres el padre de los príncipes y de los reyes, rector del Orbe, y vicario en la Tierra de Nuestro Salvador Jesucristo, de quien es la gloria, por los siglos de los siglos" ("Accipe tiaram tribus coronis ornatam, et scias te esse patrem principum et regum, rectorem orbis in terra vicarium Salvatoris nostri Iesu Christi, cui est honor et gloria in saecula saeculorum").

Pío XII recibe la tiara el día de su coronación

Los obispos y sacerdotes cristianos de los primeros siglos no se cubrían la cabeza durante los actos de culto. En el siglo IV hay ya testimonios de la mitra como un tocado propio de las vírgenes consagradas a Dios, y en el Liber Ordinum (siglo X) de la liturgia mozárabe ésta aparece como el distintivo propio de las abadesas. Por el contrario, en la vista doméstica, sí era común que tanto hombres como mujeres se cubrieran la cabeza. Es posible que de uno de esos gorros se deriven la mitra episcopal y la tiara del Sumo Pontífice, pasando primero por el camelauco, o gorrro que usaba el Papa, por lo menos desde el pontificado de Constantino I (708-715), que se llamó mitra y regnum. A principios del siglo XI, el Papa comenzó a concederlo como privilegio a otros obispos, abades y sacerdotes de fuera de Roma. Inocencio III (1198-1216) lo menciona como un distintivo ordinario del obispo. 


El papa Gregorio Magno (590-604) con camelauco
(Imagen: Wikipedia)

La mitra o camelauco ha evolucionado desde entonces en dos formas diferentes. Una siguió la forma cónica original, y acabó en la tiara, propia sólo del Papa. La otra, de cónica pasó a ser esférica con una hendidura en el centro; más adelante esta hendidura se estrecha más, formando dos picos en los lados derecho e izquierdo; por fin, los picos de los lados pasan a ser parte anterior y posterior, y el resultado es la mitra actual, con diverso diseño en la forma y en sus dimensiones. Esto significa que, en su origen, la tiara no era más que una cubrecabeza que simbolizaba la autoridad de la que estaba revestido el Papa, y que la diferencia con la mitra era que aquella era cerrada, mientras que esta última tenía una hendidura. Su confección parece ser una derivación del gorro frigio usado por los Reyes del Oriente antiguo. De hecho, en un mosaico bizantino de la Iglesia de San Apolinar el Nuevo (siglo VI), en Rávena, los Magos que acuden a adorar a Jesús llevan sendos gorros de esta clase. Del camelauco deriva además el kamilavkion (en griego: καμιλαύκιον), nombre que designa un tipo de bonete, por lo general de color negro, que llevan los diáconos de la iglesia ortodoxa. 

Detalle del mosaico de la Iglesia de San Apolinar de Rávena donde se observan los tres Reyes Magos con gorros frigios
(Foto: Depositphotos)
 

En 1130, el aro de lino o tela de oro que decoraba la base de la tiara fue convertido en una corona de metal, la que simbolizaba la soberanía del Papa sobre los Estados Pontificios. Dos siglos después, en 1301, Bonifacio VIII agregó una segunda corona para simbolizar con ella la autoridad espiritual que tiene el Obispo de Roma sobre todas las almas. En 1342, Benedicto XII suma una tercera corona que representa la autoridad moral sobre los reyes, la cual conmemora la toma de posesión sobre Aviñón y el Condado Venesino. Durante los primeros años del siglo XVI, el diseño de la tiara papal quedó concluido con la agregación de un pequeño globo y una cruz en su extremo superior.

Fresco de la Capilla de San Silvestre (consagrada en 1247) en la Iglesia de los Cuatro Santos Coronados de Roma. En una de las imágenes se ve al Papa llevando una tiara con dos bandas y orejeras
(Imagen: Senderositalianos)

Desde Clemente V (1305-1314) y hasta el beato Pablo VI (1963-1978), la tiara se imponía al Romano Pontífice el día de su coronación (originalmente designada Possessio). A partir de 1978, esta ceremonia ha sido sustituida por la “Misa de inicio del ministerio pretrino”.

San Juan XIII es coronado en el balcón de la Basílica de San Pedro del Vaticano
(Foto: Ceremonia y rúbrica de la Iglesia española)

Después, los Papas usaban la tiara en las procesiones solemnes, en la proclamación de dogmas, y en las bendiciones Urbi et Orbi impartidas el Domingo de Resurrección y el día de Navidad. Para la Misa pontifical, ellos usaban la mitra, como los demás obispos. Sin embargo, en esas ocasiones la tiara se colocaba sobre el altar durante la celebración eucarística.

Al inicio del cortejo papal iban varios capellanes que portaban las tiaras y mitras (dos o cuatro) que serian usadas en la ceremonia, y que se depositaban sobre el altar papal cuando no se empleaban

El beato Pablo VI sólo uso la tiara papal en una ocasión, el día de su coronación. De forma simbólica, abandonó su utilización al finalizar la segunda sesión del Concilio Vaticano II, dejando una de las cuatro que le pertenecían sobre el altar de la Basílica de San Pedro. Se anunció que dicha tiara sería subastada y el dinero obtenido se daría en caridad. Ella fue comprada por católicos estadounidenses, quienes la conservan actualmente en la Basílica del Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción en Washington D. C.

El beato Pablo VI coronado con la tiara que depuso el 13 de noviembre de 1964

Como fuere, en la Constitución apostólica Romano Pontifici Eligendo (1975), el papa Pablo VI conservó la costumbre tradicional y previó que sus sucesores fueran coronados tras su elección. Textualmente, dicha Constitución decía: “Por fin, el Pontífice será coronado por el cardenal protodiácono y, dentro de un espacio conveniente de tiempo, tomará posesión de la patriarcal Basílica Lateranense, según el rito prescrito” (núm. 92). Cuando Juan Pablo I fue electo decidió que, en vez de coronación, celebraría una “Misa de inauguración del pontificado”.

Juan Pablo I, en silla gestatoria, tocado con mitra
Tras su repentina muerte, siendo electo San Juan Pablo II, éste tampoco optó por ser coronado, y en la homilía de la Misa de inauguración de su pontificado explicó las razones de su decisión: “El último Papa en ser coronado fue Pablo VI en 1963, pero después de la ceremonia de la coronación solemne nunca usaron la tiara de nuevo y dejaron libre a sus Sucesores su decisión al respecto. El Papa Juan Pablo I, cuyo recuerdo está tan vivo en nuestros corazones, no deseó tener la tiara; ni tampoco su sucesor lo desea hoy. Éste no es el momento de regresar a una ceremonia y a un objeto considerado, erróneamente, como un símbolo del poder temporal de los Papas. Nuestro tiempo nos llama, nos exhorta, nos obliga a contemplar al Señor y sumergirnos en meditación humilde y devota sobre el misterio del poder supremo de Cristo mismo”.



Escudo de San Juan Pablo II
(Imagen: Wikimedia Commons)

Posteriormente, esta práctica se volvió norma y así quedó establecido en el derecho de la Iglesia. En la Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis (1996) se dice que “[e]l Pontífice, después de la solemne ceremonia de inauguración del pontificado y dentro de un tiempo conveniente, tomará posesión de la Patriarcal Archibasílica Lateranense, según el rito establecido” (núm. 92), con lo cual ya no se habla de coronación sino de inauguración. Por eso, cuando en 2005 fue elegido papa Benedicto XVI, tampoco tuvo una coronación y éste incluso quitó la tiara de su escudo de armas y la sustituyó por una mitra. El papa Francisco siguió el mismo ejemplo y en su escudo de armas aparece una mitra en vez de la tradicional tiara propia de la heráldica vaticana. Sin embargo, en ambos casos, en el escudo de armas la mitra tiene un triple división en recuerdo de la tiara.


Escudo de Benedicto XVI
(Imagen: Infocatólica)

Escudo del papa Francisco
(Imagen: Sitio oficial del Vaticano) 

Pero aun así la tiara siguió vinculada al papado. En 1981, los católicos de Hungría ofrecieron una tiara a San Juan Pablo II. El Papa nunca la utilizó en público, pero ella se conserva en la Sacristía vaticana donde cierra la serie de tiaras papales.

Tiara que los católicos de Hungría ofrecieron a San Juan Pablo II
(Foto: Ceremonia y rúbrica de la Iglesia española)
 

Lo mismo hizo en mayo de 2011 un grupo de fieles encabezados por el empresario alemán Dieter Philippi, quienes regalaron al papa Benedicto XVI una tiara que nunca llegó a usar.

Benedicto XVI recibe una tiara de regalo de parte de católicos alemanes

En mayo de 2016, el Presidente del Parlamento de Macedonia, tras una audiencia con el papa Francisco, le obsequió una nueva tiara realizada a mano por unas religiosas ortodoxas utilizando perlas del lago Ohred.

Primer plano de la tiara regalada al papa Francisco
(Foto: Ceremonia y rúbrica de la Iglesia española)
 

Aunque no es usado actualmente como parte del ajuar papal, su simbolismo permanece en la heráldica de la Santa Sede y la bandera de la Ciudad del Vaticano. El Patriarca de Lisboa goza del derecho a usar la tiara en su escudo de armas, pero no coronarse con ella. Algo similar ocurre con ciudad española de Reus, que tiene el privilegio de coronar su escudo con una tiara merced al privilegio dado en su día por Benedicto XIII.

Emblema de la Santa Sede
(Imagen: Sitio oficial del Vaticano)

De igual forma, cada 29 de junio, Fiesta de San Pedro y San Pablo, la estatua de bronce del primer Papa que se encuentra en la parte derecha de la nave central de la Basílica Vaticana (concretamente, en el ángulo de uno de los machones de la cúpula, en la esquina de la nave de la epístola, frente al Altar de la Confesión y el baldaquino de Bernini) es coronada con un tiara del siglo XVIII. Para dicha ocasión se celebra una Misa pontifical presidida por el Santo Padre, revistiéndose la estatua con ricos ornamentos, como tradicionalmente ocurría con un Papa, con la ya mentada tiara, el anillo del pescador y un manto púrpura o rojo. También el 29 de julio se solía extender una decoración floral conocida como "nassa" o "red del pescador" sobre la fachada de San Pedro, para simbolizar la red con que Jesucristo lo hizo pescador de hombres. La estatua se viste también con la indumentaria papal durante la Fiesta de la Cátedra de San Pedro, el 22 de febrero. En 1857, el beato Pío IX concedió una indulgencia de cincuenta días al que besara el dedo gordo del pie del Apóstol, lo que explica el desgaste que tiene el bronce en esa parte. La estatua de San Pedro data del siglo XIV.

San Pedro broncíneo coronado con la tiara

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